Pepi Espejo Pérez en su puesto de pescado
Entre pescadillas, pijotas, merluzas, gambas, chirlas, coquinas... y un sinfín de moluscos de concha se desenvuelve cada día como pez en el agua Pepi Espejo Pérez, a la que conocemos con el apelativo cariñoso de "La ballora" al igual que al resto de su familia pescaderas de toda la vida.
Pepi Espejo es la mas veterana de los vendedores de la plaza de abastos de Montilla y la última pescadera en activo de una estirpe familiar de mujeres de casta y muy trabajadoras, que han tenido siempre un puesto de pescado en el mercado de abastos. Esta saga familiar comenzó con sus abuelos, después paso a sus padres Elvira y Ángel, y mas tarde tomarón el relevo ella y sus hermanas, María, Rosa, y Carmeli, todas las mujeres de la casa han estado vinculadas a los productos del mar cada una con su puesto de pescado fresco.
Se podría decir que Pepi tiene el olor a pescado y a espuma de mar tan metido en sus huesos como si ya formara parte de sus genes. Tal vez, desde que su madre la llevaba en el vientre y en avanzado estado se plantaba el delantal de hule para estar al pie del cañon despachando pescado en aquel puesto sin protección del antiguo mercado de abastos. Allí de pie los inviernos se volvían mas duros y hacía un frio que pelaba. Las manos se ponían insensibles con la nieve que se le echaba a las cajas de pescado que eran de madera; el suelo se empapaba y los pies se tenían siempre helados. Pero había que hacer el esfuerzo para vender el pescado del día que venía recien traido de la lonja y poder sacar adelante su numerosa familia.Pepi después de tantos años de pescadera esta a punto de jubilarse y tiene en su hijo Ángel su relevo generacional. Es quien le ayuda en la venta y quien cada madrugada se encaminaba a lonja para abastecer de pescado al puesto.
No ha cambiado tanto el oficio de ayer a hoy, si acaso, las duras condiciones en las que se trabajaba antes se han ido suavizando con el tiempo. El horario se ha hecho mas llevadero sin los madrugones de tener el puesto preparado a las 5 de la mañana. Cuando el bullir de la gente inundaba la plaza y las pescaderas voceaban la calidad de su género a modo de reclamo para atraer a los posibles clientes. Toda esta sinfonía se escuchaba desde bien temprano por los pasillos del mercado, y se podían ver a las mujeres con sus cestas recorriendo los puestos para llevar a casa los productos mas frescos antes de que estos se agotasen. En estos tiempos en cambio, se puede ir a la plaza a las 12 de la mañana o mas tarde porque con toda seguridad los productos frescos no estarán agotados.Los vendedores se lamentan porque cada día viene menos gente a comprar a la plaza, y casi siempre se ven las mismas personas comprando, aquellas que lo han hecho toda la vida. Se vende menos pescado, carne o fruta de la que se vendía antes.
Quiza por los cambios -sobre todo de la gente mas joven- en los hábitos de consumo. También contribuye a este declive del mercado tradicional la proliferación de grandes superficies que se han instalado en este pueblo en el que cada día se abren nuevos supermercados. Las prisas hacen que la gente busque la comodidad y resulta mas fácil hacer toda la compra en el mismo sitio. Las grandes superficies están acabando con el mercado tradicional.
Es necesario que la gente se conciencie y compre en el mercado tradicional de su pueblo para que no se pierdan los productos de la zona. Si el hortelano no vende sus productos se acabará la huerta y sus hortalizas autóctonas, al igual que ocurrirá si desaparecen los dos puestos de pescado que quedan en la plaza ofreciendo pescado fresco de los puertos de Málaga o Huelva. Al final si nadie lo remedia terminaremos comiendo pescado de importación de italia, o de Dios sabe donde.
La coquina, la mas coqueta de las almejas
Antiguo mercado de abastos de Montilla


























