User-agent: Mediapartners-Google Disallow: El Club de la Cazuela: Rafael Raya, una vida dedicada a la zapatería

12.10.06

Rafael Raya, una vida dedicada a la zapatería

Este oficio esta unido al “andar” diario de este pueblo desde el esplendor comercial de Montilla en tiempos de las fábricas de curtido de pieles.
Este es el testimonio del último de una generación de zapateros que han continuado día a día su labor desde que empezara como aprendiz a los 16 años, agarrando la lezna, el cabo, la aguja; hasta esculpir en la horma su primer par de zapatos, corría el año 1946.

Tiene Montilla una estrecha calle que conduce a la iglesia de San Francisco Solano (Patrono de la ciudad), frente a esta existía una pequeña zapatería detenida en el tiempo. Conservaba la fachada encalada y una vieja puerta acristalada que dejaba pasar algo de luz al interior del austero taller. Desde su modesta zapatería en la que se instaló en el 1954, ha visto la transformación que ha experimentado la calle “El Santo”, como popularmente se conoce a esta céntrica calle montillana. Desde las varias reformas que ha sufrido el pórtico de la iglesia, a los desparecidos comercios. Incluso recuerda el adoquinado que presentaba la calle antiguamente. En algunas ocasiones el repicar de las campanas se acompasa con el sonido machacón de su martillo.
Entregado en el arreglo de una nuevas tapas repasa con la cuchilla la goma sobrante, con la destreza que solo da los años de un oficio bien aprendido. Sin perder el hilo continua contando aspectos de cuando este oficio era próspero. Siempre, sin despegar la vista de lo que esta haciendo; cuando lo hace mira fijamente por encima de las gafas. “Antes –continua diciendo- existían en Montilla muchos zapateros, en la calle Fuente Álamo estaba Manuel Jurado, en la esquina estaba”Violencia”, y Arturo, más abajo en la calle La Gavia, “Molleja”, que en sus últimos años se aficionó al “Séptimo Arte”, y ejerció de portero en el cine del Teatro Garnelo.

Una pausa para recordar le sirve a nuestro personaje para continuar haciendo recuento de sus colegas. “También estaba la zapatería de “El Coca”, que tenía trabajando a cuatro zapateros. Uno de ellos era “Antonio pesetas”, ese para el calzado de señora era el número uno. La zapatería de Robles, que estaba en la calle Enfermería. Había otra en la calle Virgen del Carmen, y en la calle Ciprés. Por todas las calles había zapateros, y ahora estamos más claros que los “Obispos en Rusia”.

Hubo un tiempo en el que Montilla contó con numerosas fábricas de curtidos de pieles. El barrio de las tenerías estaba enteramente dedicado a esta industria. Hoy, de aquella prosperidad no queda ni rastro, si acaso el recuerdo nostálgico que aún permanece en la memoria de nuestros mayores.

“Antes el calzado se hacia a mano, no había fábricas que lo hicieran. Yo, gracias a Dios -puntualiza-, aprendí a hacer de todo: botas finas, entrefinas, de campo, zapatos de señora, sandalias para la vendimia, botas para las aceitunas, botos, que se hacían muy poquitos, pero hice algunos. En mí zapatería entraba todo el mundo, gente humilde y otros con posibles, y procuraba siempre atenderlos lo mejor que podía.

Recuerdo, que le hice unos zapatos bajos para la Semana Santa a un hijo de “La Clarita”, que era retratista, y recuerdo que le lleve 275 ptas hace 50 años, y me dijo: “mire Rafael, estoy esperando que me paguen mil y pico de pesetas de una boda, y eso tardará un par de días, si quiere me los llevo y a la ná se los pagaré.

Pasaban los días y no venía. Un mes y otro, y nada. Y resulta que había aquí, un guardia civil que se apellidaba Bueno, y era conocido por el apodo de “El corneta” (porque ejerció de tal en la guerra civil), le comenté y me dijo lo siguiente: “Lo que tienes que hacer es pasarte por el cuartel, que yo tomaré nota de ese sujeto”. Claro, yo quería que me pagara pero aquí sabíamos todos como las gastaba “El corneta, ¡daba tortas para dar y regalar!. Vamos, que engordaba el tío pegando a la gente. Así que, me dió lástima y no le denuncie, con lo que perdí el dinero y los zapatos”.

Hoy en día, las zapaterías como todos los oficios han quedado relegadas por la fabricación en serie. Ahora lo poco que se hace es todo de reparación; cuatro suelas y cuatro tapas.
“Esta profesión, -sentencia este veterano artesano- con el tiempo se perderá totalmente porque enseñarse a zapatero, no se enseña nadie hoy día”.

El olor característico a cuero que antaño envolvían a estas zapaterías, se ha esfumado con el inexorable paso del tiempo. De igual manera que la estirpe de artesanos del calzado que poblaban nuestras calles.

El futuro que depara a este oficio salvo que alguien lo remedie se presenta tan oscuro como la negra goma que vienen empleando en la reparación.

Útiles como: las hormas, la pantómetra, la pata de cabra, las leznas, la pileta, los cáñamos a base de cerote que daban lugar a los recios cabos, están cada vez más en desuso, y donde las planchas de goma han sustituido a las genuinas suelas de cuero.

Julio Portero

2 comentarios :

Anónimo dijo...

DIOS¡¡¡¡ ya no me acordaba de su cara, y al ver la foto, me han venido maravillosos recuerdos de mi infancia, mi abuela vivia y ahora yo con ella metros mas arriba de lo que era su pequeña zapateria.
recuerdo ir a recojer zapatos con mi tia,y si me apuras podria recordar hasta los pequeños ruidos al trabajar.
gracias por ayudar a no olvidar

La Cazuela dijo...

Este comentario no es anónimo, pertenece a PILAR, por alguna extraña razón no se publicó en su momento.
Aprovecho ahora para darte las gracias por tus palabras. Me alegro que la lectura de este post te haya servido para recordar cosas bonitas de tu infancia.

Saludos.