El entrañable Francisco Montoya, conocido popularmente por "Curro", ha dedicado toda su vida a la panadería, hacer un buen pan no tiene secretos para él, ha hecho todas las labores que se desarrollan en una tahona: la viena, rústica, rosco, boga, mollete... etc, etc. para salir luego a la calle con su inseparable carrillo a vender las piezas recién salidas del horno, a la vez que daba el aviso a los clientes voceando por los portales: "el paaannn". Hoy, ya jubilado, observa con nostalgia como han cambiado los tiempos sobre todo, en la forma de venta de este producto de primerísima necesidad. Atrás, quedó el pasar frío y pedalear cuesta arriba y cuesta abajo, y de vez en cuando tocaba empujar el triciclo cargado de panes. Ahora, la voz de aviso del panadero se ha sustituido por el estruendoso, y molesto claxon de las furgonetas.
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